Estados Unidos e Irán celebrarán este jueves una tercera ronda de conversaciones nucleares indirectas, con Omán actuando como mediador y canalizando las propuestas entre ambas delegaciones. El encuentro llega en un momento especialmente delicado, marcado por la fecha límite del 1 al 6 de marzo fijada por el presidente Donald Trump para alcanzar un entendimiento.
El plazo ha elevado significativamente la presión diplomática. En Washington crece la narrativa de que, si no hay avances concretos, podrían activarse medidas más contundentes, lo que ha derivado en el mayor despliegue militar estadounidense en la región desde 2003. Aunque la vía diplomática sigue abierta, el mercado ya descuenta que el margen para una solución negociada se estrecha rápidamente.
En paralelo, los mercados energéticos observan con especial atención cualquier señal que pueda alterar el flujo de crudo a través del Estrecho de Hormuz, punto neurálgico por el que transita una parte sustancial del suministro mundial de petróleo. El riesgo de interrupciones, incluso temporales, ha mantenido una prima geopolítica incorporada en los precios.
El crudo Brent acumula un alza cercana al 17% en lo que va del año, reflejando tanto la tensión en Medio Oriente como una oferta más ajustada. En este contexto, tanto Arabia Saudita como Irán han incrementado sus exportaciones, intentando capitalizar precios más altos mientras el mercado sopesa el delicado equilibrio entre diplomacia y confrontación.
Cualquier señal de avance podría aliviar la presión sobre el petróleo y los activos de riesgo, mientras que un fracaso en las conversaciones reavivaría los temores de una escalada con consecuencias energéticas y financieras de alcance global.
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