Goldman Sachs advirtió sobre un cambio significativo en la forma en que el dólar se relaciona con la volatilidad del mercado accionario estadounidense. Tradicionalmente, y durante la mayor parte de los últimos cinco años, el patrón era estable: cuando aumentaba la volatilidad —medida por el VIX— el dólar tendía a fortalecerse. Esa correlación positiva tenía sentido bajo una lógica clásica: en episodios de estrés, los inversores buscaban refugio en activos líquidos y percibidos como seguros, entre ellos el dólar.
Sin embargo, buena parte de 2025 mostró un comportamiento opuesto. En lugar de apreciarse frente a aumentos de incertidumbre, el dólar cayó en momentos de mayor volatilidad. Esto sugiere que los flujos defensivos no están entrando al dólar con la misma intensidad y que otros activos —como el oro, la deuda de corto plazo o incluso ciertas monedas vinculadas a commodities— podrían estar capturando parte de ese rol refugio.
Para Goldman, este quiebre es relevante porque expone una vulnerabilidad: si el dólar deja de comportarse como activo de cobertura en fases de tensión, su soporte estructural se debilita y se vuelve más sensible a factores como política monetaria, déficit fiscal y dinámica de flujos globales. El banco matiza, no obstante, que las lecturas más recientes vuelven a parecerse al patrón histórico, lo que podría indicar una normalización después de un desajuste temporal.
Según Goldman, el mensaje central es que la correlación entre dólar y volatilidad ofrece hoy más información que su relación con los niveles del mercado. Y ese cambio obliga a replantear cómo se interpreta el dólar dentro de episodios de riesgo.
