La tensión en Medio Oriente volvió a golpear con fuerza a los mercados globales. La escalada comenzó luego de que Irán atacara un petrolero estadounidense en el puerto de Kuwait y posteriormente otro buque en el Estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles para el comercio mundial de energía. El incidente reactivó de inmediato el temor a interrupciones en el suministro de crudo y desató una reacción casi instantánea en los precios de la energía y en los activos financieros.
El petróleo fue el primero en reaccionar. El crudo WTI llegó a superar momentáneamente los US$ 89 por barril, su nivel más alto en casi dos años, con subidas intradía superiores al 10%. El Brent también escaló con fuerza y alcanzó brevemente los US$ 91, marcando su nivel más alto del año. En Estados Unidos, el impacto se trasladó rápidamente a los combustibles: la gasolina subió hasta US$ 3.3 por galón, registrando el mayor salto semanal comparable con el observado durante la guerra de Irak en 2005.
El movimiento no se limitó al mercado energético. El aumento del riesgo geopolítico provocó una venta generalizada de activos de riesgo en S&P 500 y NASDAQ‑100, con caídas aproximadas de -1.37% y -1.1% respectivamente, reflejando la preocupación de los inversionistas ante un escenario de energía más cara y mayor incertidumbre global.
La situación se agravó cuando Kuwait informó a la Organization of the Petroleum Exporting Countries que, debido a “fuerza mayor” vinculada al conflicto, podría verse obligado a reducir significativamente su producción y exportaciones. Según reportes preliminares, el país enfrenta dificultades para almacenar y exportar crudo con normalidad, lo que lo llevaría a producir principalmente para consumo doméstico. Esto alimentó aún más el temor a una reducción real de oferta en el mercado global.
Desde Washington, la The White House indicó que, por el momento, no planea liberar petróleo de las reservas estratégicas, mientras que el Secretario de Energía señaló que el impacto en los precios de la gasolina debería sentirse durante semanas y no meses, intentando moderar las expectativas del mercado.
Como si el shock geopolítico no fuera suficiente, el día también estuvo marcado por un dato económico negativo en Estados Unidos. El reporte laboral sorprendió con un fuerte deterioro: las nóminas no agrícolas mostraron una caída de -92 mil empleos, muy por debajo de los +555 mil esperados, mientras que la tasa de desempleo subió a 4.4%, por encima del 4.3% proyectado.
El resultado es una combinación incómoda para los mercados: tensión geopolítica, energía más cara y señales de debilitamiento en el empleo.
En América Latina, el impacto también se sintió rápidamente. En Peru, la reacción fue casi inmediata en el mercado cambiario: la mayor aversión al riesgo global impulsó la demanda por dólares y el **tipo de cambio llegó a cotizar por encima de S/ 3.48 por dólar durante la jornada, reflejando cómo los shocks externos siguen trasladándose con rapidez a las monedas de economías emergentes.
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